lunes, 27 de abril de 2020

La salud vista desde la sociología

Francisco de Goya- El Garrotillo

Resumen:

Este artículo es un repaso a los conceptos básicos que se manejan en la sociología con respecto a la salud y la enfermedad, así como, una descripción de lo que los enfoques teóricos más importantes como son el funcionalismo, el constructivismo social y la sociología crítica, aportan a la sociología de la salud.

Índice:
Definición social de la salud
La salud según donde te pilla
Las dimensiones sociales de la salud
Los sistemas sanitarios
Enfoques teóricos de la sociología de la salud
Funcionalismo
Constructivismo social
Sociología crítica
Definición social de la salud

La obstinación de nosotros los sociólogos de ver detrás de todo un sustrato social, lo que da lugar a chistes y chanzas, tan sólo es comparable con la obstinación de la realidad en darnos la razón. Y es que la salud no es una excepción, tiene una dimensión social.

La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) (1) definió a la salud, en 1946, como “un estado de completo bienestar físico, mental y social”. Es decir, interpretando esta definición podríamos decir que la salud es una cuestión tanto biológica como social.

La salud de la gente viene marcada por distintas características sociales. En primer lugar, tenemos que un indicador bueno de la salud de cada cual, es la salud de los que le rodean. La gente se está autoevaluando continuamente por comparación a otros, para hacerlo tienen que utilizar como patrón los estándares de salud de su sociedad. Disfrutar de una buena salud es cuestión de tener las mismas enfermedades que los vecinos. Tener sobrepeso en un país desarrollado es bastante común y, precisamente por ello, la gente no se considera enferma, pero en otros lugares menos afortunados, puede considerarse incluso un síntoma de buena salud.

En segundo término, existe una relación entre la enfermedad y la ética. No es extraño echar la culpa del padecimiento de una determinada enfermedad a los que la padecen. Me acuerdo de mi madre, que en paz descanse, diciendo que fulanito tenía tuberculosis por que se daba a la bebida y a las mujeres. No olvidemos el estigma que era padecer SIDA o sífilis. Respecto a esta última, acordémonos que cuando apareció en la historia, durante la guerra entre el rey Francisco I de Francia y nuestro emperador Carlos V - guerra que se llamó “de la fornicación” - los españoles e italianos de la época llamaron al nuevo azote divino el “mal gálico” y los franceses, echando balones fuera, lo llamaban “mal itálico”. Nadie quería reclamar para sí la autoría.

En tercer lugar, el cambio social afecta a las ideas sobre la salud. Los cambios sociales afectan a la idea que tenemos de salud y de enfermedad. Recuerdo que cuando yo era un niño fumar no representaba un peligro para la salud. Todo el mundo fumaba a partir de cierta edad. Era, incluso, un reconocimiento de que ibas para adulto. Por aquel tiempo las sardinas eran muy perniciosas y la aspirina se usaba para todo.

En cuarto lugar, la salud está relacionada con la calidad de vida. No son las mismas las condiciones sanitarias en los países desarrollados que las de los países en vía de desarrollo.

Por último, relacionado con lo anterior, dentro de un país desarrollado la salud va por barrios, no es lo mismo tener desahogo económico a la hora de enfrentar una enfermedad que ser pobre de solemnidad. Estas diferencias las redujo el Estado de bienestar, pero no del todo. Así que podemos afirmar que la salud tiene relación con la desigualdad social.

La salud según donde te pilla

Si nos fijamos en la esperanza de vida al nacer, según el último informe publicado por la OMS en 2014 (2), un niño nacido en 2012 en un país de ingresos altos tenía una esperanza de vida de 75,8 años, o sea, 15 años más que un niño nacido en un país de ingresos bajos (60,2años). Para las niñas la diferencia es aún mayor: 18,9 años más en los países de ingresos altos (82,0 años) que en los de ingresos bajos (63,1 años).

Aunque también hay que reconocer que se han hecho progresos en los países de ingresos bajos, la media de la esperanza de vida ha aumentado 9 años entre 1990 y 2012, de 51,2 a 60,2 años en los hombres, y de 54,0 a 63,1 años en las mujeres.

El lugar de nacimiento también determina la forma en que se fallece. en el último decenio casi todos los países del mundo han sufrido un gran desplazamiento de las muertes prematuras por enfermedades infecciosas (típicas de los países en desarrollo) hacia las debidas a enfermedades no transmisibles y lesiones (típicas en los países ricos). Sin embargo, los países se encuentran en fases muy diferentes de esta transición epidemiológica. Por término medio, en la Región de África de la OMS el 70% de los fallecimientos prematuros se deben a las enfermedades infecciosas o de carácter materno, neonatal y nutricional, mientras que en los países de ingresos altos estas causas solo representan actualmente un 8%.

Todos estos datos nos dan una idea clara. Las diferencias de salud entre las sociedades, a estas alturas de la película, siguen siendo enormes.

En los países de renta baja casi mil millones de personas sufren alguna enfermedad relacionada con la pobreza. Esta situación se ceba sobre todo en la población infantil, el 10% de los seres humanos mueren antes del primer año de edad.

Entre los problemas básicos relacionados con la pobreza, que afectan gravemente en la salud de las personas, nos podemos encontrar con la falta de comida o, simplemente, una dieta monótona basada en unos pocos alimentos; la falta de agua potable que favorece la difusión de enfermedades infecciosas; la escasez de médicos y demás personal sanitario; la escasez de medicamentos y la escasez de infraestructura médica, es decir, consultorios, hospitales y equipamiento médico.

Todo esto conduce a un círculo vicioso entre enfermedad y pobreza. La pobreza favorece la extensión de la enfermedad entre la población activa lo que provoca una pérdida de la capacidad productiva, que es lo mismo que decir que hay una pérdida de renta, lo que agrava la situación de pobreza. Además, los avances médicos reducen las infecciones, lo cual es positivo, pero como efecto colateral se produce un incremento demográfico que va en contra del crecimiento económico. Todo un panorama.

En los países europeos, hasta la segunda mitad del siglo XIX, se mantenían los mismos parámetros demográficos que los que padecen actualmente los países de renta baja. Lo primero que cambió fue la mejora en las condiciones de salubridad de los hogares y de las ciudades. Posteriormente fue la mejora en los medicamentos y en la tecnología médica. Más tarde, después de la Segunda Guerra Mundial, los Estados empezaron a reconocer la salud como un derecho ciudadano y se empezaron a desarrollar sistemas de bienestar social. La OMS declaró en 1982 la salud como un derecho humano. A partir de estos cambios se consiguió aumentar la esperanza de vida de manera drástica.


Las dimensiones sociales de la salud

En el apartado anterior hemos visto cómo vivir en una sociedad desarrollada o en vías de desarrollo marca una diferencia enorme en términos de salud y bienestar. ¿Pero que pasa dentro de una misma sociedad?

Pues dentro de un mismo territorio, las diferencias en las tasas de morbilidad y mortalidad entre las clases sociales proporcionan evidencias suficientes para poder afirmar que los factores socioeconómicos influyen de una manera importante en la salud de las personas.

Hay un estudio reciente dirigido por el especialista español en epidemiología social (3) Manuel Franco (4) de la Universidad de Alcalá denominado “Barrios Saludables” (“Heart Healthy Hoods”) financiado por el Consejo Europeo de Investigación. En el estudio, realizado en la ciudad de Madrid entre 2014 y 2019, se establece que la diferencia en la esperanza de vida, entre un barrio rico y un barrio pobre, puede llegar a siete años.

La investigación de Franco ha constatado que cuanto menor es el nivel socioeconómico de un distrito peores son las viviendas, las condiciones laborales, hay mayor densidad de tiendas de “alimentos basura” que resultan ser los más baratos, hay más falta de instalaciones deportivas lo que redunda en una menor actividad física, hay mayor consumo de tabaco y alcohol y mayores índices de contaminación. Como dato curioso, el equipo del profesor Franco, encontró que había una media de 17 establecimientos de comida basura en un radio de 400 metros de los colegios.

Y, aunque no lo he visto en el estudio “Barrios Saludables”, me atrevería a decir que a un mayor nivel socioeconómico conlleva mejor atención sanitaria. Los muy ricos pueden permitirse los tratamientos más caros y tienen más resistencia ante las pérdidas de oportunidades económicas y los gastos extraordinarios que afloran durante una enfermedad.

En mi entorno social cercano, es muy común disponer, entre los que se lo pueden permitir, además de la seguridad social, de un seguro privado, lo que reduce el tiempo de espera en las pruebas médicas y especialidades y acudir al sistema público para las “cosas importantes”, como operaciones quirúrgicas. De esta manera optimizan sus recursos.

Aparte de la clase social, existen otras dimensiones sociales de la salud, como el tipo de vida, la edad o el género. El tipo de vida que se lleva es determinante en la esperanza de vida y en la esperanza de vida saludable de las personas, el tabaquismo, la mayor o menor ingesta de alcohol, el consumo de sustancias tóxicas.

Las mujeres superan en esperanza de vida a los hombres, precisamente porque tienen un estilo de vida más saludable, y porque presentan, en general, menos agresividad y menos represión de las emociones, además, estadísticamente, van más al médico lo que implica un diagnóstico temprano.
Respecto de la relación entre la edad y la salud es tan evidente que no hace falta explicarla.

Mantener la desigualdad en la salud es un error, tanto como subconjunto de la desigualdad de clases o como parte de la desigualdad entre sociedades, es más, es muy poco inteligente; en cuestiones relacionadas con la enfermedad siempre se puede producir un efecto bumerang, por ejemplo, cuando no se atajan enfermedades infecciosas en la población más desfavorecida puede extenderse la enfermedad a los sectores más favorecidos. Si algo ha demostrado la crisis del coronavirus es que, de vez en cuando, no hay torre de marfil en la que refugiarse, el miedo a perder la salud nos llega a todos.

Los sistemas sanitarios

Macionis y Plummer definen a la medicina como una institución social (5) que tiene por objetivo combatir la enfermedad y mejorar la salud de la población.

En las sociedades preindustriales la responsabilidad del mantenimiento de la salud dependía de la familia y en personas sin cualificación ni formación específica que realizaban funciones sanitarias, tales como curanderos o comadronas. Estas personas realizaban su función y curaban en función del conocimiento tradicional de plantas curativas y de la atención al ánimo del enfermo, de una manera que podríamos calificar a medio camino entre lo sanitario y lo religioso.

Durante la edad media se empezaron a configurar las profesiones médicas que fueron creando gremios que organizaban la deontología y la forma de adquirir conocimiento. En aquel tiempo, los ricos accedían a los mejores recursos médicos, que tampoco eran para tirar cohetes de alegría, y el resto de la población, cuando venían mal dadas, eran atendidas en hospitales de las órdenes e instituciones religiosas. Era una medicina de caridad.

En las sociedades modernas complejas, hay un cuerpo de personas especializadas que han recibido una formación intensiva y extensa que les hace merecedores de una cualificación técnica, en general, socialmente muy respetada. Las profesiones sanitarias se ejercen en exclusividad, nadie puede invadir las competencias médicas sin la acreditación adecuada. Además, se cuenta con una infraestructura médica consistente en consultorios y hospitales y con la provisión de los medicamentos elaborados por la industria farmacéutica. Todo este conglomerado forma el sistema sanitario que mueve una gran cantidad de bienes y servicios que se financian con presupuestos gigantescos.

Cómo se reparte ese pastel es lo que marca los dos modelos de sistema sanitario: el socialista y el capitalista.

En el modelo socialista, el Estado se encarga de atender las necesidades sanitarias de la población. Todos los fondos que van a parar al sistema sanitario, es decir, para el personal sanitario, para la infraestructura y para la provisión de medicamentos son públicos. En general, en estos sistemas la iniciativa privada está constreñida o, simplemente, no está permitida. Se trata de un modelo igualitario, pero renuncia a la iniciativa privada que regulada y bien llevada puede aportar soluciones eficientes al sistema sanitario general de un país.

En el modelo capitalista que está en vigor en los países desarrollados es un modelo mixto en el que conviven un sistema sanitario público con instituciones privadas. Por tanto, la atención sanitaria depende en parte de los recursos económicos de cada cual.

El porcentaje de atención pública es muy variado, pero en Europa, donde se encuentran los Estados de bienestar más estructurados, existe una cobertura media del 80% de gasto sanitario. A pesar de los recortes que el neoliberalismo nos ha traído, todavía se conserva este bien social.

Los Estados Unidos son una excepción entre los países industrializados pues carece de una sanidad pública integral. Existen dos programas públicos, Medicare y Medicaid, que atienden a personas mayores y personas sin ingresos, pero con una cobertura médica muy discreta. Hay gente que se alista en el ejército para disponer toda su vida de sanidad como veterano.

Las personas acuden a seguros privados con coberturas más o menos extensas, los profesionales con ingresos altos tienen acceso a servicios mejores, algunas polizas forman parte del propio contrato de trabajo con la empresa.  De todas formas, una familia de clase media puede tener grandes problemas si alguno de sus miembros cae en una enfermedad con tratamiento caro. No hace falta ser sociólogo para saberlo, basta con ver alguna película o serie de televisión que trate el tema, la industria cultural norteamericana ha denunciado esta situación muchas veces.

Según datos aportados por Macionis y Plummer, con seguros privados y ayudas públicas, el 85% de la población norteamericana dispone de algún tipo de cobertura sanitaria, aunque la mayoría de manera incompleta. Un 15% de población del país más poderoso del mundo no dispone de ninguna asistencia sanitaria.

En un reciente artículo, el politólogo español Roger Senserrich (6) describe con mayor detalle estos porcentajes. El 49% de la población norteamericana recibe su seguro médico de la empresa como parte de su salario, de manera que si pierdes el trabajo, pierdes el seguro; en Medicaid está registrado el 20%, en Medicare el 14%, en la sanidad militar el 1% y el 15% restante son los que se lo pagan ellos mismos en el mercado individual que son el 6% y el resto, el 9%, está fuera del sistema, unos 30 millones de personas.

Me detengo tanto en el caso de Estados Unidos porque para mí representa la patología del sistema sanitario, es decir, la desigualdad social en los servicios médicos, que hace más pobres a los ciudadanos, y la transferencia de fondos públicos a la iniciativa privada sin obtener servicios adecuados. Al final, un sistema así se parece mucho a una medicina de caridad medieval.

Enfoques teóricos de la salud

Tres escuelas sociológicas se han preocupado especialmente de la sociología de la salud: el funcionalismo (7) – que como sabemos ha intentado explicar desde su perspectiva casi todos los fenómenos sociales -, la sociología crítica (8) – que ha intentado hacer lo propio -, y el constructivismo social –muy influenciado por la fenomenología y por el interaccionismo simbólico – que es una escuela que se preocupa por los aspectos cotidianos de la vida social.

El funcionalismo

El sociólogo funcionalista más importante, Talcott Parsons (9), definió la sanidad como el mecanismo por el que un sistema social mantiene a sus miembros sanos. La enfermedad es disfuncional y va en contra de los objetivos de la sociedad. (ver en el diagrama parsoniano de sociedad dónde puede ir la institución de la sanidad).

Parsons habla del rol del enfermo, el lector recordará que un rol social es una pauta de comportamiento socialmente aceptada, pues bien, con este comportamiento específico la sociedad entiende que es la conducta adecuada en alguien que está enfermo y lo acepta como tal.

Este rol presenta ciertas características. En primer lugar, la enfermedad supone una interrupción de las responsabilidades cotidianas. Pero para poder ejercer esta conducta, el paciente necesita de una acreditación médica. En nuestras sociedades es el médico el que otorga el rol de enfermo.
En segundo término, la enfermedad de un individuo no es deliberada, por lo tanto, no debe ser castigado por padecerla. Las conductas individuales que conducen a perder la salud son mal vistas socialmente.

En tercer lugar, un enfermo ha de querer recuperarse. La sociedad está dispuesta a ayudar pues la salud es una función social pero el paciente debe poner de su parte, debe hacer caso al médico y seguir el tratamiento. Obstinarse en seguir los malos hábitos o no seguir el tratamiento también despierta la censura del entorno social del paciente.

Por último, una persona enferma debe recibir ayuda de personal cualificado, no están bien vistos los tratamientos heterodoxos de personas que no pertenecen al estamento médico. Y esto nos lleva al segundo rol social que identifica Parsons: el rol del médico.

El papel del médico se centra se centra en diagnosticar la enfermedad y sanar a los pacientes para que vuelvan a su actividad cotidiana. El cumplimiento de esta función se basa en un conocimiento especializado debidamente justificado.

En la relación entre médico y paciente se produce una dependencia, el primero debe proporcionar información al enfermo y éste debe seguir al pie de la letra sus indicaciones. Esta relación de dependencia acaba siendo jerárquica, se deben cumplir las órdenes del médico, aunque existen diferencias de grado entre sociedades.

El constructivismo social

El constructivismo social afirma que cualquier experiencia que los seres humanos consideran “real” es en sí misma una creación social, siendo al mismo tiempo producto y producción social. Berger (10) y Luckmann (11) dejaron escrito: “La sociedad es un producto humano. La sociedad es una realidad objetiva. El hombre es un producto social”. Estas tres oraciones simples proporcionan una estructura teórica para comprender cómo las personas se relacionan no solo con su mundo social externo, sino también con sus propias identidades.

Fiel a su origen, los estudios constructivistas analizan la salud y la enfermedad como construcciones sociales. Examinan aspectos como las percepciones cotidianas que tiene la gente respecto de la enfermedad, las connotaciones ideológicas que reciben las enfermedades y el proceso de construcción del conocimiento médico.

Pero ¿cómo es la construcción social de la enfermedad? Para el constructivismo social las personas reaccionan frente a la enfermedad basándose en definiciones sociales que pueden tener justificación médica o no. La reacción al SIDA estuvo basada en el miedo y la intolerancia, en el caso del COVID-19 ha tenido una respuesta más integrada, como si fuera una guerra y en parte se ha basado en el conocimiento científico, aún así ha habido episodios de intolerancia. La salud, siempre según los autores constructivistas, no es un hecho objetivo sino un proceso de negociación con uno mismo y con su entorno.

En cuanto al modo en que se construye y organiza el conocimiento médico, estos autores piensan que no está basado completamente en el conocimiento científico, sino que está mediatizado por connotaciones culturales. Las ideas, las prácticas y el modo de comportamiento de los médicos no surgen por generación espontánea, sino que son el resultado de procesos de construcción social que tienen una nada desdeñable dimensión histórica. Esto podemos apreciarlo por ejemplo cuando se discute la clasificación de algún síndrome como enfermedad o no.

Los mecanismos por lo que se construye la realidad en la consulta médica son tan importantes como los conocimientos médicos necesarios para tratar la enfermedad. Se compone un escenario en el que se deben dejar claro aspectos tales como la higiene, la seriedad, la profesionalidad o la asexualidad, esto se realiza mediante el uso de patrones culturales socialmente aceptados.

El escenario se combina con una buena representación, según el sociólogo británico Phil Strong (12), que analizó más de mil consultas de pediatría, existen pautas rituales. Strong identificó cuatro. El ritual burocrático por el que el médico se arroga con toda la autoridad del proceso y deja claro que él es el único competente. El ritual clínico, en el que el paciente reconoce la autoridad del médico. El ritual privado en el que se acepta la cualificación y competencia del médico básicamente porque se paga por ello. Y, por último, el ritual caritativo que, en el caso de las consultas pediátricas, se produce cuando el médico deja al descubierto la incapacidad o negligencia de la madre.

Los constructivistas también han estudiado la organización social de la enfermedad, es decir, cómo es la experiencia de vivir la enfermedad. Se analizan cuestiones como el significado que da la gente a la enfermedad, el modo en que se medican, o las estrategias del enfermo para sobrellevarla.

En este sentido la sociología constructivista señala tres conceptos que manejan las personas como respuesta a las dolencias que padecen. En primer lugar, el trabajo de enfermedad, es decir, el modo en el que el enfermo controla sus síntomas, toma la medicación de manera adecuada y sigue los consejos médicos. En segundo término, el trabajo cotidiano, o el modo en el que la gente es capaz de seguir su vida a pesar de la enfermedad sobreponiéndose a los síntomas. Y, por último, el trabajo biográfico, el modo en que la gente crea una historia con la que dar sentido a su enfermedad y que es compartida por su entorno. Lo que Arthur Kleinmann (13) denominó las narraciones de la enfermedad.

No podemos terminar de examinar las ideas constructivistas sobre la salud, sin citar un concepto muy interesante que ellos han propuesto, el proceso de medicalización. Es un proceso de construcción social por el que se da a determinados hechos un significado médico. Los constructivistas apuntan a que muchos comportamientos que sido morales o privados han pasado a la esfera médica. Por ejemplo, los trastornos alimenticios, el abuso del alcohol, los hábitos sexuales han pasado de la esfera social a ser tratados como problemas médicos. De esta manera, ideas y conductas que pertenecen a la ética se convierten pasan a la esfera médica de manera que, hay que establecer una terapia adecuada como enfermedades de nuevo cuño.

La sociología crítica

La sociología crítica se ha fijado en tres cuestiones principales: el acceso a la atención sanitaria, la mercantilización de la sanidad y la politización de la economía.

Respecto a la atención sanitaria, los críticos piensan que en las sociedades capitalistas se ha convertido a la salud en una mercancía más, lo que representa que el acceso a la salud depende de la renta y, por tanto, se crea un campo más para el desarrollo de la desigualdad social.

Esto pasa en mayor o menor grado en todas las sociedades desarrolladas, pero en un fenómeno más pronunciado, como ya hemos indicado anteriormente, en los Estados Unidos que carece de una red pública de sanidad.

A este respecto, la perspectiva marxista defiende que el modo de garantizar el acceso a la atención sanitaria de un modo igualitario pasa por una redistribución radical de los recursos económicos.

En cuanto a la mercantilización de la sanidad, John Ehrenreich (14) habla de un afán de lucro que convierte a médicos, hospitales e industria farmacéutica en un gran conglomerado multimillonario. La industria farmacéutica ha sido la más rentable durante muchos años y, aunque ha perdido cierto fuelle con respecto a otros sectores, sigue siendo un fabuloso negocio mundial que se reparten unas cuantas multinacionales.

En opinión de Ehrenreich el interés por incrementar los beneficios de estas industrias ha fomentado prácticas médicas poco éticas como la petición innecesaria de pruebas, operaciones quirúrgicas poco útiles o el exceso de medicamentos en los tratamientos.

Desde la sociología crítica se argumenta que la decisión de llevar a cabo estas prácticas refleja el interés financiero de la clase médica y los hospitales por encima de las necesidades reales de los pacientes.

El acceso desigual a la atención sanitaria y la mercantilización de la misma nos lleva a la tercera característica que estudia la sociología crítica: la politización de la medicina. Aunque la medicina, como institución social, se presenta como neutral y científica, lo cierto – según los autores críticos – es que toma partido en cuestiones sociales trascendentes. Macionis y Plummer al tratar este punto citan el caso de la enfermedad mental de la histeria, que se designa con un término que deriva de la palabra griega “hyster” que significa “útero”.

Muchas veces los médicos presentan las enfermedades sólo desde un punto de vista biólogico o médico, sin tener en cuenta las causas sociales. Se centran en el germen – bacteria o virus – sin pensar en que la falta de condiciones higiénicas, las dietas poco adecuadas o el hábitat y otras carencias derivadas de la pobreza, fomentan la difusión de las enfermedades.

Para la sociología crítica, cuando la medicina realiza este tipo de diagnósticos, resta carga política a la gestión pública de la salud, reduciendo la posibilidad de que se apliquen políticas públicas tendentes a reducir esas lacras sociales al tratarlas como simple cuestiones de biología.

Sociólogo

Nota: La imagen del principio es el cuadro de Francisco de Goya, “El Garrotillo”, se trata de un sanador que está examinando a un niño de garrotillo, nombre con el que se conocía la difteria.

Notas:

  1. La Organización Mundial de la Salud (OMS) es el organismo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) especializado en gestionar políticas de prevención, promoción e intervención a nivel mundial en la salud, definida en su Constitución como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente como la ausencia de afecciones o enfermedades. Inicialmente fue organizada por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, que impulsó la redacción de los primeros estatutos de la OMS. La primera reunión de la OMS tuvo lugar en Ginebra en 1948.
  2. No he encontrado ningún estudio posterior de la OMS.
  3. La epidemiología social estudia cómo se distribuyen la salud y las enfermedades entra la población de una sociedad determinada.
  4. Manuel Franco es profesor de epidemiología en los grados de Biología y Medicina en la Universidad de Alcalá y profesor adjunto en el departamento de epidemiología de la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health. En investigador principal del proyecto “Heart Healthy Hoods” del European Research Council.
  5. Una institución social es antes que nada una práctica que ha conseguido un grado amplio de aceptación social. En el sentido de que las acciones que se ajustan a esta pauta social no parecen visibles o destacables, siendo por el contrario muy visibles aquellas otras que parecen alejarse de esas pautas o transgredirlas. Cuando una determinada práctica social adquiere esa aceptación generalizada se dice que tal práctica se ha institucionalizado.
  6. Roger Senserrich es politólogo, por mucho que insista en hablar un poco de todo. Dejando de lado una extraña obsesión con los ferrocarriles, su principal interés es la interacción entre sistemas políticos y economía, y cómo las instituciones favorecen o obstaculizan la elaboración de buenas políticas públicas. Actualmente vive en New Haven, Connecticut, trabajando como coordinador de programas y lobista ocasional en CAHS, una ONG centrada en temas de pobreza.
  7. Funcionalismo. Según el enfoque funcionalista una sociedad puede entenderse metafóricamente como un organismo vivo que se compone de distintos órganos o estructuras cada uno de ellos con una función o funciones necesarias para que el organismo social pueda vivir. La sociedad es un sistema complejo cuyas partes - subsistemas - “encajan” entre sí produciendo un equilibrio o estabilidad social.
  8. Los autores pertenecientes la sociología crítica piensan que el conflicto y el poder son las claves del orden social. Las elites coaccionan o manipulan a las clases subordinadas gracias a su influencia en las instituciones básicas de la sociedad. Piensan que la naturaleza humana no es egoísta sino altruista, cooperativa y flexible. Creen que una sociedad más igualitaria y justa es posible.
  9. Talcott Parsons 13 de diciembre de 1902 – 8 de mayo de 1979) fue un sociólogo estadounidense. Cursó estudios en el Amherst College, el London School of Economics y la Universidad de Heidelberg (Alemania). Dio clases de sociología en la Universidad Harvard de 1927 hasta 1974 como director del Departamento de Sociología de dicha universidad (1944). Más tarde fue nombrado presidente del nuevo Departamento de Relaciones Sociales 1946 y posteriormente presidente de la American Sociological Association en 1949. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología. Dicha teoría social sostiene que las sociedades tienden hacia la autorregulación, así como a la interconexión de sus diversos elementos (valores, metas, funciones, etc.). La autosuficiencia de una sociedad está determinada por necesidades básicas, entre las que se incluían la preservación del orden social, el abastecimiento de bienes y servicios, la educación como socialización y la protección de la infancia.
  10. Peter Ludwig Berger (Viena, Austria; 17 de marzo de 1929-Brookline, Massachusetts; 27 de junio de 2017)1​ fue un teólogo luterano y sociólogo vienés. Fue director e investigador senior del Instituto de Cultura, Religión y Asuntos Mundiales de la Universidad de Boston. Fue conocido, sobre todo, por su obra La construcción social de la realidad: un tratado en la sociología del conocimiento (1966), que escribió junto con Thomas Luckmann.
  11. Thomas Luckmann (Jesenice, 14 de octubre 1927-10 de mayo de 2016)1​ fue un sociólogo alemán de origen esloveno. Sus campos de investigación principales fueron la sociología de la comunicación, sociología del conocimiento, sociología de la religión, y filosofía de la ciencia.
  12. Phil Strong, sociólogo británico, uno de los sociólogos de posguerra que ha influenciado más en la sociología de la salud en el Reino Unido. Divulgador de las ideas de E. Goffman, el trabajo de Strong combinaba un riguroso trabajo empírico con una gran imaginación sociológica. Su investigación empírica incluye estudios sobre las consultas clínicas, las reformas del sistema de salud y sobre la historia social del SIDA.
  13. Arthur Michael Kleinman es psiquiatra estadounidense y profesor de antropología médica y psiquiatría intercultural en la Universidad de Harvard. Es bien conocido por su trabajo sobre enfermedades mentales en la cultura china.
  14. John Ehrenreich (nacido el 20 de febrero de 1943) es un autor, académico y psicólogo clínico estadounidense que ha publicado libros sobre política de salud, política humanitaria, historia y política social de Estados Unidos.


Bibliografía:
Sociología
John J. Macionis y Ken Plummer
Paerson-Prentice Hall
Madrid 2005

Sociología
Anthony Giddens
3ª Edición
Alianza Editorial
Madrid 2000

George Ritzer
Teoría Sociológica Moderna
Mac Graw-Hill
Ediciones 2ª y 3ª
Madrid 2001-2003

The Blackwell Encyclopedia of Sociology
George Ritzer y otros autores
Blackwell Publishing
Oxford RU, 2007

Roger Senserrich
Politikón
Abril 2020

Estadísticas Mundiales de la Salud 2014
Organización Mundial de la Salud
Ginebra 2015

Population and vital statistics report
January 2020
United Nations
Nueva York 2020

Estadísticas Sanitarias Mundiales 2014
Organización Mundial de la Salud
Ginebra 2015

Grabado de Francisco de Goya: ¿De qué mal morirá?



domingo, 9 de febrero de 2020

La Teoría del Conflicto II: Turner, Van den Berghe y Frank

Resumen:

En el artículo anterior, La Teoría del Conflicto I: Ralf Dahrendorf, vimos la teoría social de Ralf Dahrendorf, así como, las críticas principales que suscitó. En esta continuación veremos como Turner intentó reformular la teoría para sostenerla frente a las críticas, cómo Van den Berghe intentó fusionar el funcionalismo y la teoría del conflicto para dar respuesta al problema de una teoría única del consenso y el conflicto y, por último, estudiaremos las dudas de Frank acerca de si la teoría del conflicto es neomarxista o no.

Mi idea en la redacción de estos dos artículos es que se puedan leer por separado o uno detrás del otro sin ninguna interrupción o ruptura del hilo argumental. La separación de ambos la he hecho, más que nada, por no hacer un único artículo demasiado extenso.

Este circunspecto señor es J. Turner
Índice:
-          Reformulación de Turner
-          Reconciliación con el funcionalismo de Van den Berghe

Reformulación de Turner

Turner (1) partió de los tres de los problemas básicos que habían señalado los críticos de la teoría del conflicto para reformularla. En primer lugar, la teoría de Dahrendorf (2) carece de una definición clara de lo que es el conflicto.

En segundo término, la teoría no especifica el nivel de análisis en el que opera, no sabemos claramente si se refiere a los individuos, a los grupos, a las organizaciones o las clases, sino que es un totum revolutum sumergido en la abstracción de las asociaciones imperativamente coordinadas.

Por último, en tercer y último lugar, como hemos podido apreciar, la teoría del conflicto está muy cerca del funcionalismo lo que plantea problemas que ya analizamos en el artículo anterior.
Así que Turner se preocupó, antes que nada, por encontrar una definición concreta del conflicto.

Para él, el conflicto es un proceso, es decir, un conjunto de eventos que se suceden en el tiempo y que conducen a una interacción abierta, entre al menos dos partes, y que produce como resultado crisis con distintos grados de violencia.

Este proceso lo dividió en nueve fases que conducían al conflicto abierto. Según nos dice Ritzer (3), el modelo de Turner puede parecer lineal, pero es más sutil, establece relaciones dialécticas entre las fases, de manera que el movimiento entre los grados de conflicto puede ser ascendente o descendente, o no pasar de un determinado nivel.

Las fases del proceso de conflicto para Turner son: 
  1. El sistema social se compone de varias unidades interdependientes.
  2. Existe una distribución desigual de los recursos escasos que son apreciados por estas unidades.
  3. Las unidades que no reciben – o creen no recibir - su parte proporcional de los recursos comienzan a cuestionarse la legitimidad del sistema. Turner señaló que esta situación suele darse cuando las personas sienten que se cercenan sus aspiraciones de ascender y no tienen canales practicables para remediar sus problemas. La situación se agrava cuando estas expectativas se cierran paran los mismos grupos en varios sectores sociales.
  4. Las personas no privilegiadas comienzan a percatarse de que les interesa alterar el sistema de distribución de recursos.
  5. Los perjudicados comienzan a sublevarse emocionalmente.
  6. Aparecen brotes periódicos de frustración, aunque suelen estar desorganizados.
  7. Los implicados en el conflicto perciben su creciente intensidad y se sienten cada vez más implicados emocionalmente en el conflicto.
  8. Se realizan cada vez mayores esfuerzos por organizar a los grupos no privilegiados implicados en el conflicto.
  9. Finalmente estalla un conflicto abierto con diversos grados de violencia entre los privilegiados y los no privilegiados. El grado de violencia depende de cosas tales como la capacidad de las partes en conflicto para definir sus intereses reales y el grado en que el sistema dispone de mecanismos para manejar. regular y controlar el conflicto.


Turner enderezó con su reformulación ciertos problemas teóricos, pero no sacó a la teoría del conflicto de su encaje con la teoría del funcionalismo estructural. No obstante, en opinión de Ritzer, hizo una aportación valiosa a la teoría del conflicto al desarrollar ideas acerca de las relaciones conflictivas entre los actores y las estructuras sociales.

Reconciliación con el funcionalismo de Van den Berghe

Van den Berghe (4) quiso encontrar una teoría unificada que explicara el conflicto y el consenso, pues ya sabemos que el propio Dahrendorf – ante esta asignatura pendiente – proponía el uso del funcionalismo y de la teoría de conflicto como alternativas de estudio dependiendo del momento social que se estuviera analizando.

Para ello, Van den Berghe, hizo un intento de fusionar ambas teorías. Señaló los puntos comunes a ambas teorías. En primer lugar, ambas perspectivas son holistas, contemplan la sociedad como un conjunto de partes interrelacionadas.

Se debería admitir en ambas escuelas la contribución mutua entre consenso y conflicto, que el conflicto puede contribuir a la integración y, al revés, que la integración puede conducir al conflicto.

En tercer lugar, ambas teorías son optimistas, comparten una idea evolucionista del cambio social. La sociedad se mueve hacia adelante y hacia formas sociales mejores.

Por último, Van den Berghe nos dice que ambas perspectivas son teorías del equilibrio; la teoría funcionalista pone el foco en el equilibrio social mientras que la teoría del conflicto estudia a la sociedad entre dos situaciones estables.

Los críticos de Van den Berghe afirman que identifica puntos comunes, pero no las reconcilia, quedan en el tintero numerosas y notables diferencias.

Otros autores como Lewis Coser (5) y Joseph Himes (6) han intentado conciliar conflicto y consenso haciendo un análisis funcional del conflicto. 

Estos autores llegaron a la conclusión de que el conflicto sirve para aumentar la cohesión interna de los grupos en liza, puede provocar alianzas, proporciona una función de comunicación permitiendo identificar la posición del adversario o proporcionando una idea más apropiada de los medios de que dispone, esto puede ayudar a establecer una estrategia más precisa, a tener una idea de la fuerza propia y ajena y, en última instancia, incrementa la posibilidad de un acercamiento.

Todas estas perspectivas que han hecho esfuerzos de integración del funcionalismo estructural y la teoría del conflicto se han hecho en el nivel macrosociológico.

Teoría del conflicto y marxismo

Dahrendorf creía que su teoría era neomarxista, que era una reflexión acerca de las ideas de Marx. En cambio, el énfasis en elementos como las asociaciones imperativamente coordinadas, los roles y posiciones sociales le acercan más al funcionalismo estructural y la sociología de Weber (7) que al marxismo clásico.

André Gunder Frank (8) creía que la teoría del conflicto es, cuando menos, una teoría marxista inadecuada. Consideraba que si Van den Berghe estaba en lo cierto y se podían conciliar conflicto y consenso mediante una teoría híbrida, entonces la teoría del conflicto podía considerarse bastante alejada de los principios del marxismo.

De hecho, se ha desarrollado una teoría sociológica neomarxista, al margen de la teoría de Dahrendorf, que analiza el conflicto y el cambio social. En opinión de Ritzer, la teoría marxista puede usarse para el estudio de muchos tipos y grados de conflicto, además, dado el carácter dialéctico de la teoría marxista es una teoría muy adecuada para la integración de la cohesión y el conflicto.

Un día de estos, nos meteremos en las fauces del marxismo – al menos para media humanidad el marxismo tiene fauces – y lo explicaremos lo mejor que podamos, y estoy persuadido de que tampoco es tan terrible como nos lo pintan.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Notas:

  1. Jonathan H. Turner (nacido el 7 de septiembre de 1942) es profesor de sociología en la Universidad de Caifornia en Riverside. Es especialista en sociología de las emociones, relaciones étnicas, instituciones sociales y estratificación social.
  2. Ralf Dahrendorf nombre abreviado de Ralf Gustav Dahrendorf, Barón de Dahrendorf1​(Hamburgo, 1 de mayo de 1929 - Colonia, 17 de junio de 2009) fue un sociólogo, filósofo, politólogo y político germano-británico. Es considerado uno de los autores fundadores de la teoría del conflicto social. Fue caballero comendador de la Orden del Imperio Británico y miembro (fellowship) de la Academia Británica. Fue premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales
  3. George Ritzer nació en 1940 en la ciudad de Nueva York, se graduó en sociología en la Escuela Superior de Ciencia del Bronx en 1958. En la actualidad es profesor de sociología de la Universidad de Maryland. Sus principales áreas de interés son la Teoría Sociológica y la Sociología del Consumo. Fue director de las secciones de Teoría Sociológica (1989-1990) y de Organizaciones y ocupaciones (1980-1981) de la Asociación Americana de Sociología.
  4. Pierre L. van den Berghe (1933-2019) fue profesor emérito de sociología y antropología en la Universidad de Washington en la que trabajó desde 1965. Nacido en el Congo belga de padres belgas. Fue alumno de Talcott Parsons aunque no estuvo muy interesado en el funcionalismo estructural. Ha sido uno de los promotores de la sociobiología
  5. Lewis Coser (Berlín, 27 de noviembre de 1913 – Cambridge, 8 de julio de 2003) fue un sociólogo estadounidense, y el 66º presidente de la American Sociological Association en 1975. dio clases en la Universidad de Chicago y en la Universidad de California. Fundó el departamento de sociología en la Universidad Brandeis, donde dictó clases durante 15 años antes de unirse al departamento de sociología de la Universidad de Stony Brook.1 En 1954, junto a Irving Howe, Coser fundó la revista de cultura y política Dissent.
  6. Joseph Sandy Himes Jr. (1908 – 1992) fue un sociólogo norteamericano profesor en las universidades de Duke, Carolina del Norte, Helsinki y Madrás.
  7. Max Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864-Múnich, 14 de junio de 1920) fue un filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista.
  8. André Gunder Frank (Berlín, 24 de febrero de 1929 - Luxemburgo, 23 de abril de 2005) fue un economista y sociólogo alemán y uno de los creadores de la teoría de la dependencia en los 60, considerándose él mismo como un neomarxista y economista radical.


Bibliografía:

Estratificación Social y Desigualdad
Harold R. Kerbo
MCGraw-Hill
Madrid 2004 5ª edición

George Ritzer
Teoría Sociológica Moderna
Mac Graw-Hill
Ediciones 2ª y 3ª
Madrid 2001-2003







viernes, 24 de enero de 2020

La Teoría del Conflicto I: Ralf Dahrendorf


Resumen

En este artículo se describen los antecedentes y los puntos principales de la teoría del conflicto de Ralf Dahrendorf, así como, se realiza un breve resumen de las críticas que ha suscitado.


El amigo Ralf Dahrendorf


Índice:
Generalidades
Autoridad, asociaciones, intereses y grupos en Dahrendorf
Conflicto y cambio social
Críticas Principales

Generalidades

La teoría del conflicto surgió como reacción al funcionalismo y supuso una alternativa a este movimiento hegemónico en la sociología durante los años cincuenta y sesenta. Aparte del funcionalismo, esta teoría se basa en una cierta lectura del marxismo, en la teoría del conflicto social de Georg Simmel (1) y yo, que soy muy weberiano, encuentro trazas de la teoría weber (2).

A veces se da la paradoja de que cuando niegas algo, si compartes su sustrato, de alguna manera lo afirmas. Hasta el punto de que la sociología del conflicto, según Ritzer (3), tuvo como principal problema el que nunca llegó a divorciarse de la teoría funcionalista, no llegó a desarrollarse como teoría autónoma.

De esta manera, funcionalismo y teoría del conflicto comparten su preocupación por el estudio de las estructuras y funciones sociales. Allí donde el funcionalismo califica a la sociedad como estática, la teoría del conflicto habla de proceso de cambio continuo; cuando los primeros enfatizan el orden social los segundos hablan de conflicto; si los funcionalistas resaltan los elementos que contribuyen a la estabilidad, los autores de la teoría del conflicto destacan los elementos que contribuyen al conflicto; si los unos hablan de unión en base a las  normas, los valores y la ética compartida, los otros contestan que la unión se consigue mediante la coerción. Al final, es el concepto de la cohesión social frente al concepto de las relaciones de dominación y el poder.

El autor más destacado de la teoría del conflicto es Ralf Dahrendorf (4) y a él y su teoría vamos a dedicar este artículo. En el próximo, hablaremos de los esfuerzos de otros autores para reconducir la teoría del conflicto reformulándola como hizo Turner (5), o bien, como el intento de Van de Berghe (6) de reconciliarla con el funcionalismo en busca de una única teoría.

Autoridad, asociaciones, intereses y grupos en Dahrendorf

Vamos a empezar por lo más básico. Ralf Dahrendorf estableció dos prerrequisitos sin los que una sociedad puede existir: el conflicto y el consenso. Ambos conceptos derivan el uno del otro, no existe conflicto si no existe un consenso previo y viceversa.

Es muy difícil que haya un conflicto entre los socios de la peña del Real Madrid del pueblo de Las Rozas y los miembros del club de fans de Justin Bieber en las Islas Canarias, básicamente, porque no hay ninguna clase de contacto entre ambos grupos. Para que haya consenso o conflicto entre dos grupos, estos han de estar en contacto. Es por esto, que siempre ha habido conflicto entre los pueblos cercanos, entre Pinto y Valdemoro o entre tirios y troyanos.

Pero como no se puede estar toda la vida en conflicto hay que llegar a acuerdos y, cuando los acuerdos ya no valen, normalmente porque se produce un cambio en las condiciones ambientales sobre las que el acuerdo se estableció, volvemos al conflicto.

La sociología debe explicar tanto el consenso como el conflicto, pero Dahrendorf, no veía una teoría capaz de abarcar ambos procesos. Para el consenso ya estaba el funcionalismo, así que se dispuso a construir una teoría específica para el conflicto.

El primer elemento de estudio en Dahrendorf es la autoridad. Hay en la sociedad múltiples posiciones sociales con diferente grado de autoridad. Esta autoridad no emana del individuo sino de las posiciones que ocupan. Si lo pensamos bien, no le falta razón, solo así se explica que haya cretinos tan distinguidos en posiciones tan importantes a lo largo y ancho de este mundo.

La autoridad siempre entraña dominación – esto es muy de Weber – y la dominación lleva aparejada la subordinación. De las autoridades se espera un control de los subordinados, pero no olvidemos que dominan por su posición y no por sus características psicológicas, por lo tanto según Dahrendorf, los sociólogos no debían perder el tiempo en las características conductuales de los que ocupan posiciones de mando. Por último, la autoridad mientras es reconocida socialmente, tiene legitimidad para imponer sanciones a quien se rebela.

El siguiente punto de Dahrendorf también está inspirado en Weber: las asociaciones imperativamente coordinadas. No estaba de acuerdo con Marx (7) en que la revolución ahogaría el conflicto de clases, ni tampoco estaba de acuerdo en que el único motivo de la lucha de clases eran los intereses económicos.

Para Weber, todas las sociedades industriales o complejas debían tener alguna forma de organización social. Estas asociaciones imperativamente coordinadas eran organizaciones burocráticas que se orientan a la realización de las tareas más importantes de la sociedad. Están en la empresa, los sindicatos, las universidades, los partidos… en todas las partes de la sociedad y en ellas sitúa Dahrendorf la base del conflicto.

De forma que la autoridad no es una constante, como hay muchas asociaciones de este tipo, una persona que ocupa una posición dominante en una asociación no tiene porque ocupar un rol de autoridad en otra.


Para Dahrendorf la autoridad, dentro de una asociación, es dicotómica. Sólo pueden formarse dos – y sólo dos - grupos de conflicto. Las autoridades – clase supraordinada en su terminología - y los subordinados – clase subordinada - defienden intereses contradictorios. Intereses que son aparentemente psicológicos pero que en realidad son sociales. Los de arriba quieren mantener el statu quo y los subordinados quieren el cambio. Los que mandan tienen estrategias conservadoras y los que obedecen tienen estrategias de usurpación.

La pirámide de Dahrendorf según Harold Kerbo
Como el conflicto de intereses está siempre latente, la autoridad de los que mandan es siempre precaria. Además, el conflicto no tiene por que ser consciente, las personas actúan según sus posiciones y según lo que los demás esperan que hagan en función de las mismas, es decir, adoptan el rol que les corresponde y actúan de forma coherente con él. El jefe actuará de manera natural como jefe y el obrero como obrer. Esta defensa inconsciente de su rol es lo que Dahrendorf denominó intereses latentes. Cuando se adquiere consciencia del rol, cuando las expectativas se hacen conscientes, los intereses son manifiestos.

Los grupos pasan a lo largo de su vida, siempre según Darehdorf, por tres fases. En un principio son cuasi grupos, es decir, se forman entre personas que comparten los mismos intereses de rol.

Si se organizan conforman grupos de interés. Los grupos de interés son grupos en el sentido sociológico del término, es decir, mantienen relaciones formalizadas, tienen organización, programa y personal. Sus miembros se reclutan entre los miembros de los cuasi grupos. Los grupos de interés son los agentes del conflicto.

Por último, están los grupos de conflicto, que son aquellos grupos de interés que se ven involucrados en un conflicto.

Conflicto y cambio social

Con todos los elementos explicados en el apartado anterior, Dahrendorf creía que se podía explicar el conflicto social. En condiciones ideales, no debía necesitarse nada más, pero como admitía que lo ideal es enemigo de lo real, algo más debía influir. A estas variables reales las denominó condiciones técnicas.

Entre las condiciones técnicas colocó a las condiciones políticas como el clima político del momento y condiciones sociales como los vínculos de comunicación entre las personas. Asimismo, daba mucha importancia a las personas que conformaban los grupos. Si no estaban concienciadas, el concepto marxista del lumpenproletariado (8) por ejemplo, era muy poco probable que surgiera un grupo de conflicto, en cambio, si se producía un reclutamiento formal a través de los cuasi grupos la cosa cambiaba diametralmente.

Dahrendorf creía que el conflicto podía acabar en el mantenimiento del statu quo, o bien, en el cambio y el progreso. Los conflictos pueden provocar cambios en la estructura social. Si el conflicto es grave, los cambios pueden ser radicales. Los conflictos pueden ir acompañados de violencia, en esos casos, los cambios estructurales suelen ser súbitos, probablemente en este punto Dahrendorf estaba pensando en las revoluciones.

Cualquiera que sea la gravedad de un conflicto, el sociólogo debe estudiar la interrelación entre el conflicto, el cambio y aquella parte que se mantiene de las estructuras sociales del statu quo inicial.

Críticas principales a la teoría del conflicto

La teoría del conflicto ha sido criticada por múltiples razones pero, en primer lugar, podemos señalar que – en opinión de autores como Ritzer – se trata de una teoría derivada en su mayor parte del funcionalismo estructural. Al no ser completamente original, tiene como techo al propio funcionalismo con lo que se afirma que no es tan sofisticada y completa como está última.

La teoría del conflicto surge como reacción, como teoría opuesta, así que los críticos no han tenido que hacer mucho esfuerzo a la hora de pensar sus reservas, bastaba con hacer las mismas críticas que al funcionalismo pero negándolas. Así, si al funcionalismo se le acusa de ignorar el conflicto y el cambio, a Dahrendorf y compañía se les acusa de ignorar el orden y la estabilidad; mientras al funcionalismo se le atribuye ser una ideología conservadora, a la teoría del conflicto hay quien la tacha de ideológicamente radical.

También se presentan comentarios sobre las dificultades que comparten ambas teorías. Por ejemplo. el conflicto parece surgir misteriosamente de sistemas legítimos, como pasa en el funcionalismo estructural. Además, la teoría del conflicto presenta muchos de los problemas conceptuales y lógicos que plantea el funcionalismo estructural, por ejemplo, los conceptos vagos, los razonamiento circulares o las tautologías. Por último, se trata de una teoría cuasi macroscópica, que ofrece poco a la comprensión del pensamiento y la acción individual, pero esto es un problema común a todas las teorías macrosociólogicas.

Una crítica muy importante es que se reconoce que existe conflicto y consenso como caras de una misma moneda, describe que se transita en el tiempo entre ambas situaciones, sin embargo, no proporciona una teoría unificada que explique conflicto y consenso. Dahrendorf proponía – y esto me hace gracia porque yo he propuesto lo mismo en estas páginas de Sociología Divertida - usar el funcionalismo y la teoría del conflicto como alternativas de estudio, dependiendo de la sociedad y momento histórico que se esté analizando. Propone que si quieres analizar la estructura social, fijo fija de la sociedad en un instante determinado, usa el funcionalismo, en cambio, si quieres estudiar los cambios producidos en el tiempo entre dos estructuras sociales del misma sociedad, usa la teoría del conflicto.

Como parece deseable, o al menos eso desea un grupo importante de sociólogos, la existencia de un cuerpo teórico que explique tanto el orden como el conflicto, tanto la estructura como el cambio, se han realizado varios esfuerzos para desarrollar una teoría  que aclare de manera única ambas situaciones. El intento más serio fue el que realizo el sociólogo Jonathan Turner y que veremos en el siguiente capítulo.
(continuará)

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Notas:
  1. Georg Simmel (Berlín, 1 de marzo de 1858 – Estrasburgo, 28 de septiembre de 1918) fue un filósofo y sociólogo alemán. Simmel formó parte de la primera generación de sociólogos alemanes: su enfoque neo-kantiano sentó las bases para antipositivismo sociológico, a través de su pregunta "¿Qué es la sociedad?" en una alusión directa a la pregunta de Kant "¿Qué es la naturaleza?", y la presentación de análisis pioneros sobre la individualidad y fragmentación social. Para Simmel, la cultura se refería a "la cultivación de los individuos a través de la acción de las formas externas que han sido objetivadas en el curso de la historia". Simmel analiza los fenómenos sociales y culturales en términos de "formas" y "contenido" con una relación transitoria; desde el contenido, y viceversa, en función del contexto. En este sentido, fue un precursor del estilo estructuralista de razonamiento en las ciencias sociales. Con su trabajo en Metrópolis, Simmel se convirtió en precursor de la sociología urbana, el interaccionismo simbólico y análisis de redes sociales.
  2. Maximilian Carl Emil Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864-Múnich, 14 de junio de 1920) fue un filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista.
  3. George Ritzer nació en 1940 en la ciudad de Nueva York, se graduó en sociología en la Escuela Superior de Ciencia del Bronx en 1958. En la actualidad es profesor de sociología de la Universidad de Maryland. Sus principales áreas de interés son la Teoría Sociológica y la Sociología del Consumo. Fue director de las secciones de Teoría Sociológica (1989-1990) y de Organizaciones y ocupaciones (1980-1981) de la Asociación Americana de Sociología.
  4. Ralf Dahrendorf nombre abreviado de Ralf Gustav Dahrendorf, Barón de Dahrendorf1​ (Hamburgo, 1 de mayo de 1929 - Colonia, 17 de junio de 2009) fue un sociólogo, filósofo, politólogo y político germano-británico. Es considerado uno de los autores fundadores de la teoría del conflicto social. Fue caballero comendador de la Orden del Imperio Británico y miembro (fellowship) de la Academia Británica. Fue premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.
  5. Jonathan H. Turner (nacido el 7 de septiembre de 1942) es profesor de sociología en la Universidad de Caifornia en Riverside. Es especialista en sociología de las emociones, relaciones étnicas, instituciones sociales y estratificación social.
  6. Pierre L. van den Berghe (1933-2019) fue profesor emérito de sociología y antropología en la Universidad de Washington en la que trabajó desde 1965. Nacido en el Congo belga de padres belgas. Fue alumno de Talcott Parsons aunque no estuvo muy interesado en el funcionalismo estructural. Ha sido uno de los promotores de la sociobiología.
  7. Karl Marx, conocido también en castellano como Carlos Marx (Tréveris, Reino de Prusia, 5 de mayo de 1818-Londres, Reino Unido, 14 de marzo de 1883), fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío. En su vasta e influyente obra  en los campos de la filosofía, la historia, la ciencia política, la sociología y la economía; aunque no limitó su trabajo solamente al área intelectual, pues además incursionó en el campo del periodismo y la política, proponiendo en su pensamiento la unión de la teoría y la práctica. Junto a Friedrich Engels, es el padre del socialismo científico, del comunismo moderno, del marxismo y del materialismo histórico. Sus escritos más conocidos son el Manifiesto del Partido Comunista (en coautoría con Engels) y El Capital.
  8. El lumpemproletariado​ (del alemán: Lumpen: 'andrajo/so'; algunas veces escrito lumpenproletariado y también conocido en español como subproletariado) es un término marxista de origen alemán con el que se designa a la población situada socialmente al margen o debajo del proletariado, desde el punto de vista de sus condiciones de trabajo y de vida, formado por los elementos degradados, desclasados y no organizados del proletariado urbano. También puede referirse el lumpemproletario a la clase social que no posee ni medios de producción ni fuerza de trabajo y que, ocasionalmente y en determinados contextos, recurre a la caridad e incluso al robo.​ El marxismo ha considerado tradicionalmente a este grupo social como carente de conciencia de clase, y por tanto susceptible de servir de punto de apoyo a la burguesía.


Bibliografía:

Estratificación Social y Desigualdad
Harold R. Kerbo
MCGraw-Hill
Madrid 2004 5ª edición

George Ritzer
Teoría Sociológica Moderna
Mac Graw-Hill
Ediciones 2ª y 3ª
Madrid 2001-2003